Lo mejor del viento

escenas

i.

una vez encontré en un reel el comentario de un conocido diciéndole a una chica que si tenía algo de barriga no era porque su útero ocupase espacio, sino porque estaba «rellenita». pero que no pasaba nada; él también tenía algo de «chichita».

todo esto, además, tras varias intervenciones en las que le explicaba cómo funcionaba la anatomía femenina. y estuve a punto de escribirle por privado explicándole uqe no había comprendido sobre qué estaba hablando verdaderamente ella:

de todas las mujeres que adelgazan de forma compulsiva, se matan a hacer deporte y, pese a ello, siguen acumulando la poca grasa de su cuerpo (que de ninguna manera alcanza un porcentaje sano) en la zona de la barriga. y cómo, por culpa de ello, siguen recibiendo comentarios de que tal vez deberían adelgazar, que no están lo suficientemente delgadas, que no son lo suficientemente atractivas, lo suficientemente válidas como para permitirse preocuparse por absolutamente nada más.

así que sí; el reel tenía razón: es normal que la composición de tu cuerpo te impida no ser todo lo canónica que te gustaría (te exigen), y da igual si es «porque tienes útero» o porque cada persona acumula la grasa de una forma diferente. y que su «chichilla», insignificante, no era en absoluto comparable. porque la de ella, estéticamente insignificante -casi imperceptible- no era socialmente insignificante.

así que, para eso, mejor no escribir nada. cállate. pero no le terminé diciendo nada para no quedar de loca.

ii.

una vez, hace ya mucho tiempo, mientras paseaba con un ex, me dijo muy dramáticamente que «él no quería consumir cosas, sino crearlas». estaba triste porque no le habían dejado dar una charla de divulgación en la uni. o porque no quería apuntarse al MAES. o porque nadie estaba escuchando su nuevo pódcast (ya no me acuerdo).

yo cumplí con el papel que se espera de una joven de 19 años (escuchar, consolar y educar a su novio), pero se rompió inmediatamente algo en mí. porque nunca había escuchado algo parecido en boca de una amiga y todas ellas eran (son) híper talentosas, mucho más que él.

aunque querían también escribir libros, componer música, protagonizar películas y encontrar la cura al cáncer, ninguna de ellas sentía de una forma tan rotunda que tuvieran derecho a sus sueños, puesto que sus obligaciones ya les robaban demasiado tiempo.

pero bueno, todo tiene su parte positiva: hemos asumido todas más fácilmente que dentro del capitalismo tampoco es que tengamos mucha posibilidad de reinventarnos.

iii.

una vez, para un trabajo de clase en el que tenía que encontrar argumentos falaces, estuve buscando hilos en twitter (x) de conocidos anti-feministas. me enredé entre palabras desgarradoras en las que se notaba un profundo odio hacia las mujeres: generalizaciones y culpabilizaciones que, sin embargo, tocaban problemáticas reales a las que ellos mismos se enfrentaban. la soledad de los incels.

ya había pensado mucho sobre ello: había seguido subreddits, canales de youtube e incluso tenía una cuenta secreta en forocohes. per aun así me abrumó la desesperación de tantos hombres, pensando en lo fácil que es caer ahí.

me acordé de mis amigos masculinos que, gracias a nuestra paciencia, habían abandonado muchos comportamientos problemáticos (no es que estuviéramos ahí para salvarlos, simplemente los escuchamos). me dio pena pensar que quizás alguno de ellos, por culpa de no haber socializado lo suficiente con mujeres en el pasado, nunca pudiera ser aguantado por una de ellas a nivel romántico: no apetece explicar nociones básicas de feminismo (o decencia) a alguien que ya roza los treinta años. ¡qué importante es dar ciertos pasos a tiempo!

pero súbitamente dejó de importarme, porque no es imprescindible tener pareja y, al final, yo también había tenido que renunciar a ciertas cosas que la sociedad me había vendido en la infancia como básicas: tener coche propio, una casa, respirar aire no contaminado, no tener que compartir piso con cuatro personas, tiempo libre…

¡malditas comedias románticas!