Lo mejor del viento

en el bus

Llevo viviendo en este mundo veinticuatro años, así que evidentemente me cabrean sus estupideces. Pero que también tenga uqe pasar por ellas mi hermana me cabrea muchísimo más. Sé que son «eventos canónicos», que hay algunas hostias que una tiene que llevarse si quiere adaptarse a cómo funcionan las cosas en la «vida real». Pero ¿por qué tienen que funcionar así?

Mi verdadero sueño habría sido nacer hombre en una familia tradicional. Estoy pensando en una madre que trata distinto a su descendencia en función del género. Se limitaría a presionar a mi hermana (a la que yo siempre mencionaría cuando me acusasen de machista), mientras que a mí me dedicaría cumplidos («es que es tan bueno») y me recordaría la importancia del descanso. Me habría gustado no plantearme si es ético o no que mi madre se encargase de absolutamente todo en casa después de volver de una jornada laboral de ocho horas. De esta forma, habría vivido de ella hasta poder vivir de mi esposa, con la que además se llevaría fatal por haberle robado a su precioso angelito. Precisamente eso: si me preguntasen qué es lo que me gustaría haber sido en otra vida, diría que un angelito.

Un angelito que no hace absolutamente nada, que tiene permitido pedir un tiempo «de tranquilidad» en el que no se responsabiliza de la gente porque le molestan los sentimientos ajenos. Un angelito que tiene derecho a disfrutar de su tiempo libre en un grupo de música mediocre en el que toa la guitarra y canta (aunque la mejor voz la tenga otro). Al que no le dejan limpiar porque lo hace demasiado mal y es más fácil que se encargue otra que ir corrigiéndole los errores. Un angelito al que sus profesores tienen manía y que nunca tiene la culpa de nada.

Uno al que le huele la polla porque piensa que sacudírsela un poco después de mear es suficiente. Y que su novia nunca se lo diga al comérsela porque genuinamente se siente afortunada de estar con él. Al final, tampoco está tan mal: se ducha, es divertido, tranquilo, hace deporte, tiene estudios, viste aceptable, va a hacer la compra (si le dan la lista ya hecha), le hace un mínimo de caso cuando habla y suele preguntarle si se ha corrido.

Pero no. Soy mujer. Una mujer con sentido de la responsabilidad que se carga con más de lo que puede. Así que en vez de vivir de la gente he tenido que convertirme en una enciclopedia andante con múltiples talentos. He tenido que aprender a ser una persona lo suficientemente culta como para que (a veces) me hagan caso. A ser funcional con un dolor horrible de ovarios. A controlar mis impulsos cuando tengo que aguantar a un señor que cobra muchísimo sin apenas hacer nada me diga «te iba a gastar una broma, pero mejor no, con esa cara de seria que me traes…» y no poder hacer nada porque ninguno de los hombres de la habitación ve en esos comentarios algo malo.

Soy experta en realizar todo tipo de trámites burocráticos, en saber consolar a mis amigas cuando tienen problemas y en hacer que hombres inútiles se sientan cómodos para abrirse emocionalmente. En arreglar cosas muy antiguas que se rompen y que no tengo dinero para reemplazar. En general, soy experta en hacerlo todo sola, de manera autosuficiente, ya que no puedo molestar.

Un señor estúpido al que no voy a hacer publicidad comentó una vez que lo más maravilloso de nuestro momento histórico es que toda la información está al alcance de nuestra mano: con videotutoriales de Youtube y cursos online uno puede aprender lo que sea. Pero es que a lo mejor estoy cansada de que lo que aprendo sea a cargarme con más responsabilidades. A lo mejor quiero desenvolverme en pautas controladas, dedicarme a algún oficio concreto (sin temor a que quede obsoleto) y permitirme descansar. A lo mejor lo que quiero es ser una completa inútil, ya que parece que no serlo no me beneficia a mí, sino al sistema.

Así que ya estamos moviendo el culo todos, porque aunque yo haya pasado por esto, no quiero que mi hermana tenga que hacerlo.