Lo mejor del viento

del sonido

«—Hay distintos grados de silencio, pero ninguno de ellos absoluto. ¿Que cuál es mi favorito?

Me gustaría llamarlo silencio activo. Aquel de las cosas que pasan, del mundo sintiéndose vivo; pero, al fin y al cabo, silencio, puesto que no repara en tu existencia ni interactúa contigo.

En él se encuentra el sonido de unas pisadas que se dirigen rápidamente a su destino, una persiana levantándose, el ruido que hace la escoba arrastrando el tiempo, el canto de los pájaros y el mecerse del viento. También el tráfico lejano y hasta el de las máquinas que limpian las calles.

Porque entonces el movimiento no aparece como la negación del silencio en un sentido físico, sino como su afirmación constituyente. Es apostar por aquel que acompaña lo cotidiano: dejémonos de abstracciones y vivamos en el mundo (¡como si pudiéramos hacer otra cosa!). Solo así podremos sumarnos —con convicción firme— a una parte más del ruido».